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viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Ya estamos de nuevo en guerra fría…?

La CIA se dedica a armar a grupos insurgente que responden a sus intereses

Hace pocos días, Noam Chomsky, prestigioso intelectual y politólogo estadounidense se refería, en una entrevista que concedió a RT y trascendió ampliamente a otros medios, a la posibilidad del estallido de una guerra nuclear, reconociendo que las actuales circunstancias internacionales, creaban condiciones para ello, aun cuando no exista una política especialmente dirigida a provocarla.

El historiador y filósofo, también señaló en otra reciente ocasión, que Estados Unidos debía ser considerado el estado terrorista número uno, ya que la CIA, en sus 67 años de existencia, se había dedicado a armar a cuanto grupo insurgente respondiera a sus intereses en cualquier parte del mundo. Esta política fue la que dio origen a Daesh, -que ahora dicen combatir- como antes habían creado a Al Qaeda, y a toda una larga lista de organizaciones terroristas provenientes de unos 80 países que según se afirma, ha reclutado, junto a sus aliados.

Tanto Washington como Londres y otros socios de la OTAN, no se ocultan para anunciar, que dan entrenamiento y arman a nuevas huestes, de lo que llaman “oposición moderada”, para introducirlas en territorio sirio y continuar su destructiva, aunque hasta ahora infructuosa e ilegal guerra sucia contra el gobierno de Damasco. De esta forma, convierten en letra muerta los principios vigentes y acordados por la ONU de “respetar la soberanía de los estados; la no intervención en asuntos internos de otros y en general actuar según la legalidad internacional.”Es en este peligroso escenario, en que son promovidos y desarrollados conflictos, que podrían crear situaciones imprevisibles y fuera de control, tal como señalaba Chomsky. Debemos tener presente que el estado sionista, poseedor de un arsenal nuclear, está dirigido por un grupo de fundamentalistas cada vez más fanáticos, que ha demostrado su poder de decisión en la política estadounidense, afirmándose que por encima de demócratas y republicanos, decide el partido sionista.

Si observamos un mapa de la región, podemos apreciar que, situaciones de guerra, en mayor o menor medida, y con una u otra característica, ya existen en Libia, Egipto, Palestina, Yemen, Iraq, Siria, Líbano y Turquía. Ello sin considerar conflictos internos que amenazan con alcanzar mayor dimensión, como los que existen en Bahréin y Arabia Saudita, y sin tener en cuenta la larga guerra que ha desangrado y lo sigue haciendo, a Afganistán.

Muy cercana a esta región se encuentra la estratégica península de Crimea, ahora de nuevo territorio ruso y colindante con zonas del este de Ucrania que han proclamado su independencia del gobierno de Kiev, y donde se desarrolla una guerra, cuyo origen se halla en el interés de Washington de hacer avanzar la presencia de la OTAN hacia el este para tratar de acorralar a Rusia.

El gobierno turco, país miembro de la OTAN y donde existe una base aérea, Incirlik, que posee depósitos de armamento nuclear, relativamente cerca de Kobani o Ain el Arab, ciudad por cuyo control luchan kurdos y terroristas de Daesh desde hace casi tres meses, no oculta sus ambiciones expansionistas regionales y actúa de acuerdo a intenciones que recuerdan a muchos su pasado imperial. El gobierno de Ankara, dirigido por un partido religioso, ha favorecido a los extremistas y fanáticos de Daesh para que eliminen a los kurdos de Siria que ocupan toda la zona fronteriza, incrementando también las contradicciones con iraníes e iraquíes, además de promover peligrosas desavenencias con Rusia.

Cuando los “siocons” de Washington, después de la desaparición del socialismo en la URSS y Europa Oriental, se autoproclamaban en los años noventa del siglo pasado como “vencedores de la Guerra Fría”, también elaboraron teorías tales como “EL PROYECTO PARA EL NUEVO SIGLO AMERICANO”, que contemplaba entre sus principios, el dominio del Medio Oriente en su concepto territorial más amplio; el control de las principales reservas de petróleo y gas que allí se encuentran, para evitar el surgimiento de nuevas potencias que pudieran hacerle frente a sus intereses hegemónicos; y mantener un mundo unipolar, donde pudieran actuar a su antojo desconociendo el papel de la ya debilitada ONU.

Esto es lo que han intentado y continúan haciéndolo con poco éxito, promoviendo guerras sucias, y estimulando peligrosos conflictos sectarios, que a veces tiñen de colores o bautizan con atractivos y primaverales nombres, creando en sus ambiciones coloniales contradicciones secundarias con algunos de sus aliados. En su desesperación se vuelven aún más peligrosos, al darse cuenta de que la Comunidad Internacional avanza de nuevo hacia un Mundo Multipolar; China ya los supera como primera potencia económica; un grupo de potencias emergentes se unen en los BRICS; Rusia tiende a recuperar una posición como potencia a tener en cuenta; y en América Latina han perdido ya su antigua posición de gendarme imperial.

Guerra Fría o no, el peligro reside en que en su ambición hegemónica, las cosas se les vayan de la mano o se adopten decisiones por políticos ignorantes y aventureros.

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