LIAONING, EL PORTAAVIONES CON EL QUE CHINA QUIERE DOMINAR LOS MARES
Nació como un prototipo soviético y tras el colapso
de la URSS cayó en manos ucranianas. Hoy, aunque de dudosa efectividad militar,
este barco simboliza el nuevo poder chino
reuters
La Armada
china está de estreno. Liaoning, el primer portaaviones de su historia, ultima su puesta a punto en aguas del Mar de China.
Bautizado con el nombre de una provincia del noreste del país, la salida del
Liaoning supone un paso más en el camino del gigante asiático por ser
reconocido como una potencia global. El régimen chino es consciente de su fortaleza
política y económica. Ahora, persigue una pujanza militar equivalente, un
elemento que puede hacer aún más delicada la situación en una región donde la
tensión derivada de los litigios territoriales y los resquemores acumulados
entre todos los actores
implicados han subido de tono en los últimos meses.
De
momento, el Liaoning solo está de prácticas. Se prepara, todavía sin
aeronaves a bordo, para pasar a la acción como el gran coloso naval chino.
Pero, a pesar, de la parafernalia propagandística que lo rodea, lo cierto es
que el buque está a muchas millas de la vanguardia de la técnica. De hecho, es
un producto de la ya lejana época soviética. Cuando la URSS se desmembró a
comienzos de la década de 1990, el navío fue asignado a la nueva república
ucraniana, donde estaba siendo ensamblado. El futuro Liaoning estaba llamado
a ser el segundo portaaeronaves de la clase almirante Oleg Kuznetsov. Como
los ucranianos no tenían dinero para rematar el ambicioso proyecto, se lanzaron
en busca de un comprador, que, tras diversos avatares, resultó ser la Marina
china. Para cuando en 2011 se completó la construcción del buque, la tecnología
con que se había concebido había quedado totalmente obsoleta.
«Desde un punto de vista operativo, es un buque muy
limitado»
Así,
muchos años después de ser diseñado por los ingenieros soviéticos, el remozado
Liaoning presta sus primeros servicios. La pregunta es si un buque de guerra
concebido en un mundo, el de la Guerra Fría, que ya no existe puede suponer
una verdadera amenaza para Occidente en el contexto actual. Para el capitán
de navío Ignacio García Sánchez, segundo director del Instituto Español de
Estudios Estratégicos, organismo dependiente del Ministerio de Defensa español,
la respuesta está clara. «Desde un punto de vista operativo, es un buque muy
limitado, como consecuencia de su anticuado diseño, muy lejos de la tecnología
que utilizan los Estados Unidos y sus aliados», señala. Como muestra, el
Liaoning lleva todavía tubos lanzatorpedos, un elemento típico de la
guerra naval del siglo XX y ahora totalmente desfasado.
Quizá por
eso, pese al boato con que los órganos de propaganda de Pekín transmiten a su
población cada nuevo hito en el desarrollo del Liaoning, como el aterrizaje de
un primer caza en él en noviembre de 2012, su próxima adscripción a alguna de
las tres flotas con las que China protege sus aguas no ha despertado
demasiada preocupación entre los analistas de inteligencia de la OTAN.
Liaoning y la política exterior china
García
Sánchez está convencido de que «todavía pasarán muchos años hasta que China
tenga una flota de portaaviones verdaderamente operativa». El plan de
los jerarcas de Pekín es el de producir sus propios buques con su propia
tecnología. Pero eso requerirá años de inversiones e investigación. Según este
experto los verdaderos poderes del Ejército chino son su potente flota de
submarinos nucleares y sus misiles antisuperficie. «Que se lanzaran a reforzar
estos elementos sí sería más preocupante».
«China no quiere ser una potencia hegemónica, sí un
poder geopolítico global»
Pero, a
pesar de sus limitaciones técnicas, el proyecto Liaoning no debe
despreciarse en absoluto, porque es fiel reflejo de un claro giro en la
política exterior china. Como explica el capitán García Sánchez, «China está
dejando claro hace tiempo que no quiere ser una potencia hegemónica, pero sí un
poder geopolítico global». Los barcos de guerra chinos ya forman parte de las
misiones internacionales contra la piratería en el Golfo de Adén y realizan con
frecuencia prácticas conjuntas con la Armada rusa. El paso adelante de la
superpotencia china tiene como escenario un área tan sensible como el Mar de
China Oriental, las aguas donde la tripulación del Liaoning ultima su
adiestramiento.
En esa
delicada región, chinos, japoneses y surcoreanos se disputan una serie de
islas y, sobre todo, el control de las potenciales reservas de crudo y gas
que presumiblemente esconden sus aguas, todo bajo la atenta mirada de la VII
Flota estadounidense, desplegada en la zona desde la Segunda Guerra Mundial
como garante del orden surgido de esta y soporte de Japón. Y allí las cosas
han subido últimamente de temperatura. El pasado mes de noviembre, Pekín
declaró unilateralmente una zona de identificación aérea que el Pentágono desafió con el vuelo de bombarderos B-52. Poco
días después, el destructor estadounidense Cowpens se veía obligado a una
maniobra evasiva para evitar la colisión con un buque chino. Era una de las
naves de escolta del Liaoning.
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